Psicópata A veces entraba en su campus y la abrazaba por detrás; justo en ese instante podía olvidar todo. Era fácil reconocerla: su falda llegaba bajo la rodilla, mientras que las demás chicas la usaban lo más corta posible. A ella le gustan los abrazos, y lo sé porque comienza a reírse nerviosa, enrollando un mechón de su cabello. —Ey, ¡¿qué haces abrazando a la santa!? —me gritó una chica, a la que ni siquiera volteé a ver—. ¡Maldito pervertido! Al escuchar a la chica, mi santa corrió hacia ella, no sin antes dejarme una nota en el bolsillo. “Te quiero”, decía la nota. Y en medio de la hoja había un corazón con una inscripción: Santa & Psicópata. Sonreí, emocionado. Aunque no dijera ahí mi nombre, solo mi apodo, su letra desordenada y fea era para mí la más bonita del mundo. Es

