Julieta Las piernas aún me ardían de los latigazos que había recibido hacia poco, si me iba a casa no soportaria el dolor de unos nuevos. Cuando Magnus me llevo a su habitación, no sentí ningún remordimiento.Me presto una playera suya que me llegaba a los muslos, y me dió un cepillo dental despues de que le pidiera uno. . Después de lavarme los dientes, me acosté en la cama. El de ducho, y al volver sentí su peso sobre la cama, me puse nerviosa. Las creencias de toda mi vida, sobre no acostarme con un hombre fuera del matrimonio, sobre limitar mi contacto físico con alguien del sexo opuesto querían empezar a atormentarme. Magnus lo sabía, siempre lo sabía. El me acercó a su pecho, colocó su brazo en mi cintura y acaricio mi espalda — Linda, si te incomoda algo dimelo— dijo con voz s

