Julieta Hacer el amor en mi habitación fue una de las experiencias más liberadoras y excitantes de mi vida. Sabía que María y toda la servidumbre se habían quedado detrás de la puerta, imaginando lo que ocurría dentro. Magnus me estaba marcando como su propiedad frente a esa mujer que se creía dueña de mí. Esa mujer, la que durante años creí mi madre, había perdido para siempre mi respeto y mi amor. Pero, aun así, una duda me carcomía por dentro: ¿quién es mi verdadera madre? ¿Ella me habría querido de verdad? Tras atender una emergencia en el hospital, Magnus tuvo que ir al trabajo, y yo también me dirigí a la oficina, cambiándome a un atuendo más decente antes de salir. —¡Juli! ¿Entonces esa señora con la que creciste no era tu madre? —exclamó Hela, con los ojos abiertos de par en p

