Julieta Si no hacía algo, Magnus destrozaría a ese imbécil que quería tocarme. Hice lo posible para que nadie saliera herido. —Bailemos un poco —susurré en su oído. No necesité decirlo dos veces, porque termine jalándolo hacia la pista de baile. La música era vulgar, como dirían en mi iglesia. Las chicas se movían como si estuvieran teniendo sexo, y los chicos las manoseaban sin pudor. —¿Si quiero ser parte de este mundo, debo hacer eso? —le pregunté al oído a Magnus. No me imaginaba a mí misma bailando así, no todavía. —No, no lo hagas —respondió, acomodando mi cabello hacia atrás con suavidad— A menos que quieras que les arranque los ojos a todo el que te miré. Me sonroje, la manera en que lo dijo fue tan varonil...tan suyo. —¿Puedo bailar así para ti, a solas? —pregunté, despué

