A mi disposición

1021 Palabras
Alan Lanzo todo al suelo. Maldita sea, por lo visto mi abuelo seguirá de parte de Willie. Levanto la mirada cuando escucho un ruido en la cocina. Camino sigilosamente hasta llegar a la puerta de la cocina. De repente veo ropa de mujer en el suelo, abro la puerta y veo a Abril allí sirviendo algo de fruta. —Amor —ella dice, dándome un beso. —¿Qué haces aquí? —Visitandote. Me haces mucha falta, ¿no te alegra verme? —Nena, no me gusta que me estén acechando, eso es algo perturbador. —Ella camina hacia mí, la observo de arriba a abajo notando su buen cuerpo y lamo mis labios. —Te extrañe, no tienes idea cuanto. Quise dejar de ser la de los fines de semana, quise dar yo el primer paso, ya que le tienes miedo al compromiso. Ella puso su mano en mi pecho y luego me besó con intensidad, la tomé de sus muslos y la puse en el mesón de la cocina, para luego soltar el broche de mi pantalón, penetrarla y besarla con deseo. Mis estocadas son profundas, mientras que ella gime en mi oído una y otra vez, sus manos me aprietan con fuerza, mientras susurra mi nombre en voz baja. Luego de que llegué al orgasmo, salí de ella, sin más. No soy de sentimentalismos, eso no es para mi. Ella lo sabe, solo le gusta jugar a ser “la oficial” —¿Agotado? —Solo un poco, solo estoy estresado, mi abuelo hizo de nuevo de las suyas. —Ella se coloca su vestido y luego me sirve una copa. —Solo no dejes que él te amargue el día. Aquí estoy para ti, sabes que cuentas conmigo para lo que quieras ¿lo sabes, verdad? —Abril, te agradezco eso. Pero los dos sabemos que solo podemos ser amigos. No quiero meter en mi vida a nadie hasta que arregle un poco el desastre a mi alrededor. —También di que tienes miedo a enamorarte, que te aterra la idea de que una mujer pueda manejar tu vida ¿me equivoco? —No lo haces, pero si somos sinceros, una relación le quitaría la emoción a esto que tenemos. —Alan, te quiero demasiado. Estoy dispuesta a estar contigo de la manera que tu digas, no me importa el tiempo que deba esperar. —Pase la mano por su mejilla y luego le di un beso corto en los labios. —Iré a descansar, mañana será un día largo. Mi querido primo estará en la empresa y tengo que estar dispuesto a pelear con él de cualquier manera. Ella me da una sonrisa y luego me hace señas para ir hasta la habitación, la sigo con mi mirada cargada de deseo. Al llegar allí simplemente quito mi ropa, le termino de quitar el vestido y vuelvo a tomarla entre mis brazos, haciéndola mía una vez más. Luego de tener una noche lo suficientemente buena, llegué al edificio y fui hasta el último piso en donde estaba la oficina de presidencia. Al entrar, observé todo con una sonrisa, en verdad es bastante satisfactorio ver todo lo que puede ser mío, lo que puede regresar a mí y a mi hermana después de muchos años. —Buenos días —escucho la voz horripilante de Willie—. Me encanta que mi competencia se tome tan en serio todo. —Deberías tocar la puerta. Esta no es tu casa. —Exacto, no es mi casa, pero pronto será mi empresa, solo mía —él menciona con seguridad. —Sigue soñando, soñar no cuesta nada. ¿Qué haces en mi oficina? —pregunté. —Se te llena la boca diciendo que es tu oficina. No seas tan patético. Quiero que hagamos una junta, ahora mismo, necesito ponerme al corriente. —No me exiges nada, que te quede claro. —Giré mi vista, cuando la puerta se abrió, mi secretaria entró con una carpeta en sus manos. —Señor, aquí le traigo los balances que pidió el señor Willie, también le informo que llegó una mujer diciendo que es su asistente. —Ruedo mis ojos, había olvidado a aquella mujer. —Dile que siga, no es muy cordial de parte de Alan hacerla esperar —Willie comenta con petulancia. Ella me mira, le hago señas con mi rostro para que lo haga, no voy a entrar en una discusión innecesaria con él delante de los empleados, eso sería ponerme en desventaja. Revisé uno que otro balance, mientras que él hacía lo mismo; hasta que escuché unos zapatos resonando. Levanté la mirada cuando veo a aquella mujer. ¿En dónde rayos había quedado la chica del día anterior? La que estaba hoy frente a mi, era otra. Emanaba sensualidad y su belleza resaltaba mucho más. —Buen día, espero no haber llegado lo suficientemente tarde. —Paso saliva, definitivamente en estos momentos sería una mujer sumamente follable para mí—. Aquí estoy para usted Alan, para servirle en lo que necesite. Clavo mis ojos en sus labios rojos, el cabello recogido de medio lado dejaba a la vista su cuello y la mitad de su pecho. —Sí, por supuesto. Willie, ¿serías tan amable de salir de mi oficina? —Él camina hasta mí, luego le da una mirada a Camila, una mirada profunda para finalmente salir de la oficina. —Y bien ¿Qué debo hacer? —Camila, quiero saber más. La experiencia qie tiene, en que es buena… entienda que esto es una multinacional bastante conocida y lo que menos quiero es errores. Por más que le dije que le daría una semana de prueba, quiero que sepa que tampoco puedo exponerme. —No lo hará, se lo aseguro. Yo quiero agradecer lo que usted hizo por mí, nunca nadie me ayudó de esa manera y quiero que sepa que seré incondicional para usted. —Eso lo veremos Camila. Así como están las cosas, escuchar ese incondicionalmente es bastante halagador, en especial porque podemos empezar a buscar la manera en la que Willie se vaya de aquí.
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