Logan está de pie cerca de la puerta principal, a contraluz por la intensa luz de la tarde que entra a raudales por los amplios ventanales. Su rostro se ilumina con la misma sonrisa encantadora que recuerdo. Lleva el cabello más corto, pero sigue siendo rizado y salvaje; sus ojos, del castaño más cálido. Cruzo la habitación sin pensarlo conscientemente. Hacia Logan, que viene hacia mí con los brazos abiertos, y antes de darme cuenta estoy atrapada en un abrazo apretado, balanceándome de un lado a otro. Logan se aparta y me sostiene por los hombros. —Gracie, guau. Es increíble verte otra vez. Te ves genial. Me encanta esto—. Señala mi nariz. Toco el diminuto brillito en mi nariz. —Ah, sí. Bueno, tenía que terminar la lista. Asiente, con los ojos muy abiertos y brillantes, la boca entrea

