Debo haberme quedado dormida en el coche. Me despierta la luz que me da directo en los ojos cuando Kellan abre la puerta y una ráfaga helada golpea mis piernas desnudas. Gimo en protesta. Solo déjame quedarme aquí —juro que dormiré medio encorvada en este asiento de cuero, con el cuello torcido, toda la noche—. Pero él insiste en que entre. Así que me ayuda a subir los escalones del frente y me lleva a su cama. Me quito la camiseta mientras él se queda en sus bóxers azul marino. Desgarra mi falda justo por la parte trasera cuando intenta quitármela. —Maldición, de verdad me gustaba esta falda. Bostezando, respondo: —Era demasiado pequeña, de todas formas. —Y ese fue un factor importante de su atractivo. Intento darle un manotazo en el hombro, pero fallo a lo grande. —Estás tan dormi

