No les cuento nada a mi familia. No sé por qué. Tal vez porque, si no saben que algo está mal, me será más fácil fingir que estoy bien. Y he estado haciendo un buen trabajo fingiendo. Me mantengo ocupada trabajando en el rancho, ayudando a limpiar la casa, incluso acompañando a Gracie y a mi mamá cuando cocinan. Los momentos en los que estoy sola son los más difíciles. Cuando sé que nadie está cerca para verme llorar, ahí es cuando las lágrimas fluyen. Cuando llega el viernes, pienso que se darán cuenta cuando no salga hacia la casa de Bram y tendré que decírselo. Pero hay un golpe inesperado en la puerta y la abro para encontrar a Rosaline sonriendo. Estoy salvada. Se lanza hacia mí para abrazarme. —Lo siento que él la haya cagado —susurra. No digo nada. Solo la abrazo un poco más f

