Nacho y Magdalena: Amabilidades

1974 Palabras

El taxi se detuvo y ambos nos bajamos de él, quedando delante de aquel edificio majestuoso, un antiguo palacete reformado al que sus dueños le habían otorgado una nueva vida, una más lujuriosa, lúbrica y carnal. Y pese a haber contemplado su imagen centenares de veces, saber que ese momento acabaría por llegar, no pude evitar estremecerme ante su sola visión. Aquel era el momento de la verdad, del todo o la nada, de atreverme a dar ese paso por contentar a mi esposa, demostrarle que le podía dar lo que ella tanto deseaba o confesar lo que realmente pensaba, que aquella era una locura que no creía poder asumir, ver realizar. Me había enfrentado a esa disyuntiva durante los días previos, aquellas mini vacaciones disfrutadas en la ciudad condal durante las cuales Magdalena me había dado una

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