La peor Vergüenza

2329 Palabras
Camino lentamente hacia casa, Liz y Bárbara ya no me acompañan, sus casas quedan más cerca que la mía, así que me quedo caminando sola como medio kilómetro y algunas veces me arrepiente, no me gusta caminar sola le da tiempo a mi vocecita racional para molestarme ¿En qué estabas pensando? >>y hablando de la reina de roma…—bueno por lo menos tenía razón, en que estaba pensando no lo recuerdo, eso es lo malo cuando te ausentas mentalmente de una clase en donde eres el centro de atención, todos se dan cuenta de que faltas. Me pesa la mochila y hace mucho sol, pero mírame tengo un convertible en el garaje en muy buenas condiciones, que cualquier chica adolescente moriría por conducir, pero me rehúso a usarlo porque es muy llamativo y eso de llamar la atención no se hizo para mí, entonces… ¿Por qué te quejas del sol?— me frunce el ceño y hace pucheros mi vocecita racional—me rio— pero cuando me doy cuenta ya estoy enfrente de mi puerta. Siempre hago lo mismo cuando llego a casa, saco la llave de la selva que es mi mochila, paso la llave, abro la puerta, dejo la mochila y el uniforme exactamente en el mismo lugar que mi madre me advertía muchas veces que no los deje pero inconscientemente siempre lo hago. Me dirijo a la cocina y encuentro la única comunicación que mi madre y yo tenemos de 3: pm a 6: pm: una notita en el refrigerador sostenida con un imán de naranja, últimamente siempre teníamos que hablar con un decorador para nevera de intermediario: Hola hija: Hice lasaña, caliéntatela en el microondas Besos, mamá P.D: guárdame un poco. Odiaba la lasaña, pero ni siquiera mi madre sabia eso, arrugo la nota, la tiro a la basura, pero no encesto, saco unos huevos del refrigerador y me dispongo a hacer una tortilla (la única cosa que sé hacer en la cocina) Enciendo el televisor para tener ruido de fondo, el silencio no me gusta, bato los huevos y los echo al sartén, pico jamón y taran… tengo una tortilla, busco un plato me sirvo la GRAN comida que he preparado, saco un jugo de naranja y me siento en la mesa que ahora me parece demasiado grande. Mi casa es grande conformada con muebles de madera tipo rustico pero a la vez elegantes, bueno eso es lo que dice mi mama, a mí me parecen normales, pero debo admitir que de cierto modo me agradan, le da un toque de frescura a la casa, en las paredes hay fotografías de mis padres jóvenes, de mi hermano cuando era hermoso, es decir cuando bebe y de mi cuando cumplí los 14 años, me veía horrenda con esos frenillos por suerte hoy ya no los tengo. Subo a mi habitación, y me acuesto en la cama, sin pensarlo me quedo dormida. *** — ¿Sabías que se vendió la casa de al lado?— dijo mi madre entusiasmada. —¡Así que tendremos nuevos vecinos!—respondí— mi madre tiene la típica costumbre de preparar un ostentoso pastel de manzana cada vez que alguien se muda al suburbio para darle la bienvenida y así mostrarle que somos buenos vecinos, me aproximo a ella — pero ¿te pido un favor?—pongo mis ojos de borrego. —Dime hija— no me obligues a llevar un pie de manzana—mi madre pone sus manos en la cintura—oh no—. —Alexa, solo lo hago para mostrar que somos buenas personas—exclama. —somos buenas personas mama —reitero— un pastel de manzana no hará la diferencia. Con el tiempo los vecinos tarde o temprano se darán cuenta. - ¿Ya cenaste?—Trata de cambiar el tema—porque encontré la lasaña intacta en el microondas ¿eh? —No mama—me levanto y me dirijo a mi cuarto— no me gusta la lasaña—mascullo. Mi cuarto es mi refugio y cuando entro allí significa que nadie puede molestarme, una de las cosas (que por cierto no son muchas) que me gusta de mi madre es que sabe darme mi espacio y eso sucede cuando entro en mi habitación. Me pusé mi pijama, que ciertamente era una camisa vieja de mi hermano de su universidad, estaba muy desgastada y algo transparente pero era muy cómoda. Estiré mi cuerpo y caminé hacía la ventana de mi habitación, mi madre odiaba está ventana, decía que era demasiado grande, que cualquiera desde afuera podía verme, pero este era un barrio tranquilo así que no me preocupé por eso, sin embargo eso no le impidió comprar unas enormes cortinas naranjas para que yo pudiera cerrarlas cuando quisiera tener privacidad. Abrí aún mas las horribles cortinas, alze el vidrio para respirar el aire puro de mayo, cerré mis ojos y cuando los abrí, en la ventana de la casa de al lado un chico con una chaqueta de cuero n***o apareció, parecía que estuviera inspeccionado la habitación, pero al sentir el peso de mi mirada se dió la vuelta y me observo. Mi respiración se detuvo. Era....Era...demasiado guapo...los ojos verdes como esmeralda, el cabello tan n***o como el carbón y su mandíbula parecía delineada por los dioses. De repente fui consciente de mi aspecto—oh no— Mi cabello alborotado, la horrible camiseta vieja y ¡¡¡transparente!! decidí rápidamente cerrar el vidrio de la ventana, pero para mi mala suerte no me di cuenta que la camiseta vieja se había quedado atorada con el vidrio y cuando fui a devolverme para cerrar las cortinas, la tela del frente de mi pijama se desgarró completamente con un ruido sordo.... Me paralicé. Sentí una ligera brisa por mi estomago, para mi horror, ahí me di cuenta que estaba parcialmente desnuda. Desnuda de la cintura para Arriba Desnuda mostrando mis ¡PECHOS! P-E-C-H-O-S ¡infiernos! Me observé un nanosegundo y me doy cuenta que en efecto estoy mostrando toda mi delantera, levanto la vista y ahí está él mirando con ojos de asombro como si en su vida jamás hubiese visto lo que el espectáculo del accidente le ha mostrado— Santa Madre—Murmuró. Tapé mis pechos desnudos y me resbalé como gusano hacia el suelo y desde ahí cierro las cortinas de la ventana sin que él pueda verme — ¿porque siempre me pasan estas cosas a mí?—gateé por el suelo como bebe y me deslicé debajo de la cama como buscando consuelo en la oscuridad… tapé mi torso con ambas manos y seguí maldiciendo hasta que los parpados me pesan. *** Cuando nos acostamos a dormir con el último pensamiento que ha vagado en nuestras cabezas… pasan dos cosas: O bien te asaltan en sueños o es la primera cosa en que piensas cuando abres los ojos. Suena el despertador — ¿Qué hora es?—intento levantar mi cabeza pero esta se encuentra inmediatamente con la tabla de la cama 《¡ay!》—¿Dónde Diablos estoy?—ah—debajo de mi cama. Mis manos tocan la tela desgarrada de mi piyama y mecánicamente me transporta al vergonzoso accidente de la ventana—oh, no—… ¡la ventana!…—oh, no—…. ¡El clavo!–Oh, no—… ¡la camiseta!… y ¡diablos! El chico de la ventana. Trató de levantarme y de nuevo mi cabeza se encontró con la tabla de la cama… infiernos este día iba a ser una completa s**t. Me duche rápidamente, me cambie y me dirigí a la cocina para desayunar— —Alexa ¿Te encuentras bien, hija? Dijo mi madre No,…claro que no estoy bien, un chico me vio medio desnuda, me golpeé la cabeza y dormí debajo de mi cama—pero aparte de eso estoy bien—dice mi vocecita racional que se ha despertado con mal genio esta mañana…. ¿me pregunto por qué será? - Si mama estoy bien—mi voz no parece convincente. - Bueno termínate tu desayuno y enseguida me acompañas a llevar el pastel de manzana a los nuevos vecinos un pedazo de pan se me atora en la garganta—oh, no—. —Lo siento mama me acorde que tengo que pasar por Susana para prestarle unos apuntes—digo sin terminar de masticar y agarrando mi mochila para irme. —Pero…pero… —adiós—me despidí sin dejar que mi mama trate de convérseme de lo contrario— Antes de salir a la calle inspecciono el área… –fuera de peligro—no hay nadie, pero eso no me impide vigilar por encima de mi hombre cualquier sombra sospechosa…. Y por primera vez pienso que hubiera sido bueno sacar el convertible, en un santiamén ya estaría a la escuela y no esperando a la zozobra su vehemente mirada. Sé que no me puedo esconderme toda la vida, que tarde o temprano lo veré, pero prefiero que sea tarde y en la escuela por lo menos tendría unas horas en paz. Suena el timbre para entrar a clase y mi obstinado casillero me está formando problemas otra vez— ¡diablos, no logro recordar mi clave!—en eso se acerca Liz: - Oye con golpes no creo que lo abras—dijo riendo. - Lo sé pero te juro que esta es la clave, pero no se abre—respondo. - ¡Será… porque no es tu casillero!—que pena—y por primera vez me rio desde que me paso el accidente de la ventana y Liz también se une y terminado las dos riendo como tontas. - Pero ya, ¿dime qué te pasa?—dice secándose una lagrima que se le asoma en el ojo por la risa producida. - Nada—reitero—No, a Liz es la última persona a quien le puedo contar lo que me paso, no podía decirle que un chico me había visto medio desnuda y además que a ese chico tenía que verlo casi todos los días porque resultaba ser mi vecino… No, no señor, me haría ir a la iglesia a confesarme con su cura el cual me diría que tendría que rezar como 30 avemaría, fuera un accidente o no fuera; Liz es una de esas personas conservadoras que solo dice que el único que tiene que verte desnuda será tu esposo, Un pensamiento demasiado conservador para una chica de 16 años. - ¿Estás seguras?—volvió a preguntar. - Si— volví a repetir. No, nadie podía enterarse de nada—bárbara— Se moriría de la risa y me recordaría ese suceso por toda la vida, hasta cuando estemos viejitas, ya me puedo imaginar "te acuerdas cuando ese chico guapo de ojos lindos te vio medio desnuda y resulto ser tu vecino"… un momento dije ojos lindos ¿cómo sabía que tenía ojos lindos? –No importa, supongo que todo los chicos guapos tiene ojos lindos, —Susy lo querría conocer para averiguar si era guapo e interrogarlo sobre mi anatomía descubierta.No, a nadie, esto me lo llevaría a la tumba, digo, No puedo estar toda la vida atormentándome y recordando lo muy vergonzoso que fue, algún día se me tendría que pasar, pero ayudaría mucho si no tuviera a mi verdugo de vecino. La anhelada clase de literatura—ábranse chicos estoy en mi territorio—, el profesor de literatura era joven, como de 32 años pero se vestía como si tuviera como de 50, era bastante guapo, alto, pero esperen no es la clásica historia de la chica enamorada de su profesor, no, no claro que no; solo lo veía como uno de los pocos hombres (que en realidad no son muchos) que comparte mi amor hacia los libros y la literatura antigua. Estábamos compartiendo las rimas de Bécquer cuando la estirada coordinada de disciplina entro para dar un anuncio—esa señora sí que necesita que le presenten las pinzas para cejas—susurró Susana—me mordí el labio para no reírme —Jóvenes, quiero presentarse a un alumno que los acompañaran de ahora en adelante –genial, otro inadaptado— En eso entra un chico, pero yo no tengo tiempo ni paciencia para prestarle atención, tengo toda mi atención a la rima LXXI de Bécquer, es una de mis favoritas—oh es verdaderamente guapo—Oigo a Susana gemir…; decido levantar el rostro para averiguar qué es lo que esta pasado y… — ¡TRÁGAME TIERRA Y NO ME ESCUPAS! — casi estuve a punto de gritar esas palabras en voz alta ¡Diablos! ¡Infiernos! es ¡ÉL!, el chico de la ventana, oh, no puede ser…. ¿es enserio? ¿Estaré viendo bien?—si es él –de tantas escuelas ¿porque esta señor?— ¿por qué? Siento mis mejilla arder de la vergüenza, bajé inmediatamente la cabeza para evitar que me vea—por Dios ¿porque me pasan estas cosas a mí? ya no era suficiente tenerlo como vecino ahora como compañero de clase… creo que estoy empezando a hiperventilar. — Bueno es un gusto joven Simón—mis pensamientos de auto desesperación se ven interrumpido por el profesor— puedes ponerte al día en mi materia con la señorita Pretelt— ¡ahora sí creo que me voy a desmayar!—él me mira y me distingue inmediatamente, se sonroja y agacho la cabeza—bueno por lo menos no soy la única avergonzada, eso me consoló— Se sienta tras mis espaldas, pero no soy capaz de levantar la mirada cuando pasa junto a mí, ¿acaso esto podría ser más incómodo?
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