Pequeñas gotas de lluvia me recibieron cuando pase a toda velocidad el letrero de bienvenida de la ciudad, mi corazón latía violentamente sobre mi pecho y la adrenalina me recorría las venas de una manera inquietante, mordí mi labio inferior como tantas veces lo había hecho antes cuando estaba nerviosa, salvo que esta vez no estaba nerviosa, estaba aterrada, Suspire y agarre el volante con más fuerza, no era hora de acobardase, ya había tomado una decisión y además se lo había prometido un extraño y ya sabes las promesa a extraños por más raras que parezca también valía. Apreté el acelerador y agarre el volante con fuerza, 2 minutos después mis neumáticos rechinaron al frenar contra el asfalto produciendo un desagradable olor a quemado. Me tomo más de un minuto bajarme del carro—quizás 4

