Todo lo vi en cámara lenta, tal como sucede en las películas, mi puño conectándose con su mandíbula, el horrible dolor en mis nudillos, sus ojos llenos de incredibilidad de que lo estuviese golpeando una menudita cosita como yo y luego rápidamente esos mismo ojos convertidos en una mueca de dolor. El maldito se lo busco. Simón Cayo sobre trasero, se llevó su mano hasta sus labios y había sangre …sangre. Yo había hecho eso. — ¿Quién eres? —Pregunté con dolor— Porque no reconozco a patán que tengo frente a mí. No espere a que me respondiera e Ignorando la urgente necesidad de retorcerme de dolor por mis nudillos magullados, me largue. Sentía mi cabeza caliente, la sangre bombeaba velozmente por mis venas y podía sentirla en mis oídos, recosté mi espalda contra una pared limpia y rápi

