Capitulo 9 El escape y el dolor del amor

2909 Palabras
La Reina Zaya en su inmensa habitación, aún se preguntaba qué había sido lo que Tahara les prometió a las criaturas del bosque de los pantanos. Mientras se quitaba sus vestidos que ocultaban su hermoso cuerpo, seguía pensando en Tahara y su promesa, en el pequeño Jack y el malvado de su padre, jamás estaría quieta, la inquietante intriga sobre lo que había Tahara la dejaba perder que regía un Reino y que de ella viven, todo era olvidado en esos pensamientos que hacían que su cráneo quitara el movimiento a las partes de su médula espinal. —¿Qué hago? ¿Qué habrá hecho Tahara? Espero no haya sido una estupidez. Sé que son las criaturas de ese bosque, pero… ¿Por qué Miguel? ¿Habrás vendido a tu propio hijo? —decía en su mente confusa—, no, Tahara no era así, debe haber otra razón Mientras seguía ideando sus conclusiones incorrectas, por el “Reino olvidado”, llamado así porque desde la muerte de quien la gobernaba, dicho Reino se borró de la mente de muchas personas, este siendo gobernado por el pueblo, la gente trabajaba mutuamente para que la paz fuera para siempre. Todos habían olvidado a su Reina, sus soldados malignos y su hija caprichosa, aunque la oscuridad volvería para retomar el lugar y junto con su gobernadora los suplicios y el sufrimiento, serían un renacimiento. —Te extraño mucho hermana, me pregunto cómo estarás —decía Candela, la hermana mayor de Fátima desde su ventana, viendo como volaban las aves con su lindo canto—, si te encuentras sufriendo y mencionas mi nombre nunca digas que soy culpable de tus lágrimas, tú decidiste trabajar para el Rey Montecristo Efectivamente Candela, no llevaba una buena relación con su hermana menor, se habían separado hace años cuando murieron sus padres, Fátima creyó encontrar una buena vida desde ese entonces al Reino Kailto. Después de días y noches caminando, con el estómago vacío y sin fuerzas para seguir avanzando, cayó al suelo sin saber que estaba en el bosque del Reino al que quería llegar, allí llegó el Rey Montecristo montado en su caballo, la llevó hasta su castillo, le presentó a su hija y así inició su trabajo. Mediante cartas se comunicaba con su hermana, quien decidió irse al Reino olvidado, al pisarla nunca imaginó lo que viviría. Cuando puso sus pies el primer día, notó que la gente parecía tener miedo, ella reaccionaba preguntándose qué pasaba, al conocer a la Reina Carlaykil el miedo se apoderó de ella, nunca más le pudo escribir a su hermana y nunca recibió sus cartas. Todos estaban bajo la ley de Carlaykil, su hija malcriada trataba siempre de la peor manera a las inocente voces de los niños, que clamaban la ayuda de los espíritus de los bosques tranquilos. Ahora era ella quien disfrutaba de la felicidad y su hermana del miedo, el sufrimiento y el dolor, todo por amar loca y ciegamente a un hombre hechicero de magia negra. Solo deseaba en sus oraciones diarias, que su hermana viviera de la poca paz que existía en estos Reinos, puesto que Nafar, era el único donde reinaba la paz por siempre, aunque las cosas pasan sin imaginar y en cualquier momento podría acabar la paz que habían cultivado por años, todos los habitantes. Después de recordar el pasado, la lejanía y la separación con su hermana, cerró las puertas de su ventana, regó agua a unas hermosas flores que estaban al lado de su cama, su casa era una pequeña cabaña de ladrillos, tenía una hermosa chimenea, dos ventanas y una sola puerta, ese fue su hogar, su techo y su refugio durante todos los años después de desaparecer la malvada Reina que los torturaba. Ya nada había en Kailto, no quedaba nada, en gran parte el viento se había llevado todo aquello considerado valioso, los remolinos llegaron hasta lo profundo del suelo y arrancaron así con todas sus fuerzas, las raíces de árboles, y sobre todo el maíz, el trigo y el arroz. Fátima aún estaba en la cocina, por primera vez descansaba un poco sentada en una silla, con sus manos en la mesa, sentía que su nombre era mencionado por alguien de su sangre, eso lo hizo pensar en su hermana, durante los años sin saber nada de ella, decía que ya no le importaba y que ni siquiera se acordaba de ella. No sabía que las cosas no eran como pensaba, pues Candela si pensaba y se acordaba de ella, aunque nunca más le volvió a enviar cartas desde que no les respondía a sus saludos. —Fátima, ven aquí, el niño está llorando —llamaba Ildico —Ya voy mi señor, espere un momento —Ningún ya voy es ahora, ven rápido —Maldito —dijo Cuando se levantó de la silla miró los cuchillos, recordó cuando se llenó de valor y fue hasta él con la intención de asesinarlo, sus ojos parpadeaban cada segundo, los dedos de sus manos temblaban y sin pensarlo tanto tiempo, tomó nuevamente un cuchillo y lo guardó detrás de su espalda. —¿Por qué tardas tanto? ¿Qué estabas haciendo? —Limpiaba la cocina y ordenaba algunas cosas, cómo sabe nos estamos quedando sin alimento —Sí, hay que solucionar eso o mis hijos y yo nos miremos de hambre, ten, toma al niño y llévalo a mi cuarto, voy a buscar a mis hijos para hablarles de lo que pasa en nuestras tierras Fátima se quedó mirándolo a los ojos sin parpadear, tenía ganas de sacar el cuchillo y enterrárselo en uno de sus ojos, donde en cada uno podía ver la maldad en su interior y todas las cosas feas que le hizo. —¿Qué te pasa? Te estoy diciendo que tomes a Jack y lo lleves a mi cuarto ¿Qué no escuchas? Fátima seguía sin responder, su cuerpo comenzó a temblar y sus manos a sudar. —¡Fátima! Te estoy diciendo que tomes a Jack, ¡Hazlo! ¡Anda! ¡Rápido! —le gritaba. Ya se había puesto tan enfadado, que solo faltaba otro llamado de atención para levantarse y golpearla. —¡Maldita sea Fátima! Ya verás lo que... —¡¡Muere!! —le gritó. Sacó el cuchillo y se lo arrastró por todo el cuello, hasta hacerlo caer en el piso. Su sangre era negra y espesa, comenzó a gritar hasta perder la voz diciéndole maldita. Fátima no podía creer en lo había hecho, asustada dejó caer el cuchillo y levantó al bebé que había caído de las manos de su padre, al tenerlo en sus brazos, corrió rápidamente aunque miedosa hacía la puerta para escapar lejos de Kailto. —¡Fa! ¡Fa! —gritaba haciendo fuerzas para decir su nombre —Te vas a morir maldito, ¡Te vas a morir! —le gritó al voltear En ese instante, Fhatercul levantó su brazo izquierdo y como todo hechicero, lanzó sus oscuros poderes hacía Fátima, asustada corrió más rápido para salir del castillo, pero el Rey lanzó sobre las paredes un humo n***o que volvía las ventanas y puertas, poco a poco parte de estas, Fátima subió las escaleras nerviosa con el pequeño Jack dormido y el humo la alcanzaba, buscaba ventanas para salir antes de que se volvieran parte de las paredes, pero el humo se volvía más rápido que sus pies al correr. —¡No vas a escapar, eh maldita! —le gritó ya recuperando la voz—, esta me las pagas perra, juro que me las pagarás —¡Noooo! —gritó desesperada al ver que toda ventana a su paso se volvía pared Al ver que los hermanos Jacok y Jacob salían de un cuarto donde habían tres ventanas, corrió rápidamente, pidiendo a los niños que se salieran de todos los cuartos, ya que temía de que este les hubiera daño. Los niños comenzaron a gritar papá, y Fátima logró entrar a la habitación, en la que sobre una cama puso al bebé y usó todas sus fuerzas para abrir la ventana, el humo se acercaba cada vez más y ella con estrés temía, ya que si no escapaba, sabía que Ildico la mataría. —¡Ábrete! ¡Ábrete! —gritaba Al ver el humo llegar al cuarto, lloró del miedo, dejó de intentar y hacer la lucha por abrir la ventana, el humo se acercaba, el bebé empezó a llorar, Fátima al escuchar sus llantos como un zumbido, se llenó de fuerzas y con un grito logró abrir la puerta, no podía creer lo que había hecho, enseguida tomó el bebé, salió cuidadosamente y sin pensarlo se tiró. —¡Noooo! ¡Maldita! ¡Me las pagarás! ¡¿Me escuchaste Fátima?! ¡Me las pagarás! —le gritaba al ver que ya no sentía su presencia en el castillo Fátima se levantó herida de una pierna, había caído de espalda con el bebé sobre su pecho, viendo que las ventanas volvían a ser ventanas y no partes de las paredes comenzó a correr, ya oscurecía y ella temía la oscuridad, pero sabía que era mejor que estar soportando al malvado Ildico Fhatercul. Estando ya en medio del bosque, miró por última vez al lugar, dándole el que pensaba él último adiós en su mente y después continúo corriendo. En Nafar ya la gente del pueblo cerraba las puertas de sus casas para descansar; sin embargo, ocho patas de seres no humanos ya estaban sobre ellos. Nanly ya regresaba al pueblo junto con Tolér, quien la tomaba de la mano y Lamber detrás de ellos con la cabeza hacia abajo, mientras caminaba sintió la presencia de su r**a, pues había venido por él, para llevarlo al bosque de los pantanos y castigarlo por su traición. —¡Abajo! —les gritó a la recién pareja —¿Qué sucede Lamber? —preguntó Nanly —Hay dos como yo, han llegado a Nafar —¿Qué? —¿Ves? Te dije que no confiaba en él —dijo Tolér enfadado —Estás equivocado —¿Ah, sí? ¿Por qué eh? —Vienen por mi —¿Por qué? ¿Qué hiciste? —Me enviaron a buscar el hijo de Tahara, pero se lo entregué a la Reina Zaya y ahora quieren matarme —No puede ser —¿Cómo creerte? —¡Ay ya Tolér! Voy a ir —No, no, no vayas Nanly —Debo ir —¡No! ¡Espera! ¡No vayas! —le gritó angustiado Nanly se transformó en ave y voló rápidamente hasta al pueblo, en el aire se quedó un momento observando cuidadosamente todo, vio que el lugar estaba tan tranquilo y no pasaba nada, pensó que lamber había mentido para estar a solas con Tolér y asesinarlo, al imaginar eso, dio vuelta para volver y de la nada las dos criaturas aparecieron destruyendo todo lo hermoso que habían creado en Nafar. —¿Dónde estás Lamber? ¿Dónde estás? ¡Vas a morir! ¡Vas a morir maldito! —gritaban —¿Qué está sucediendo? ¿Qué es ese escándalo? —se preguntaba Zaya Al mirar por su ventana y ver a toda la gente de su pueblo correr y gritar asustada pidiendo ayuda, se lanzó enfurecida y comenzó a lanzar bolas de color azul, que parecían fuego. —¿Qué buscan en mi Reino? —les preguntó —A uno de nosotros, su nombre es Lamber, sabemos que está aquí. Venimos del bosque de los pantanos —Él está aquí, pero no se lo l—Son órdenes del Rey sapo —Pues dile a tu Rey que a mí Reino nadie entra para destruir y menos para a hacer catástrofes. Ahora lárguense de mi pueblo —No lo haremos —dijo uno de ellos —No nos iremos hasta que encontremos a ese traidor —dijo el otro —¿Traidor? Solo porque no les llevó al hijo de Tahara, ¿La salvación de todos ustedes? —¿Cómo sabe usted eso? —preguntó el primero —¿Cómo que cómo? Es obvio que lamber de lo dijo —dijo el segundo —Sí, él me lo dijo, ahora es parte de esta población y les pido por segunda vez que se vayan de mi Reino y nunca lo vuelvan a pisar —No podemos irnos, si nos vemos sin él, el Rey sapo nos matara —dijo el segundo —Entonces quédense aquí —Pero enviará a más de nosotros —dijo el primero —Mucho mejor, así se quedará solo y no tendrá más opción que venir aquí y decirme que viene por ustedes. Allí ese tal Rey va a conocer mi poder —Reyna Zaya, ¿Enserio sería usted tan amable de dejarnos quedar en su Reino? —Sí —respondió Lamber —¡Espera Lamber! —gritó Nanly asustada, ya que, mientras estaban ocultos, Lamber decidió salir para enfrentarlos y ella preocupada salió detrás de él —Ya no hay peligro alguno Nanly—le dijo—, saluda a nuestros nuevos habitantes. Pueblo de Nafar, he aquí a los dos nuevos habitantes de nuestro pueblo, como ven hay un Rey que quiere al hijo de Tahara, el príncipe Miguel, el tercer hijo del Rey Ildico Fhatercul, que como saben gobierna el Reino Kailto. Este Rey, llamado Got, gobierna el bosque de los pantanos, nunca hemos tenido guerra desde la última vez que me enfrenté al ejército de la Reina Carlaykil, quien gobernaba el Reino olvidado —Muchas gracias mi señora, por permitirnos quedar a este su Reino —Bienvenidos sean los dos —les dijo Nanly —Bienvenidos, bienvenidos, bienvenidos —les decían los habitantes —Gracias a todos —decían los dos alegres —¿Qué tal estuvo el recorrido Lamber? —le preguntó Zaya —Muy bien mi Reina, su bosque es muy hermoso, el aire es tan fresco como el de las noches frías —Me agrada que te haya gustado, ahora ya son tres, esperemos si crecemos con más seres de su presencia en Nafar —Mi Reina, quiero que me haga un gran favor —le dijo Tolér —Te escucho —Que me dé su permiso —¿Permiso? ¿Para qué? —Tolér y yo nos vamos a casar —interrumpió Nanly feliz —¿Qué? ¿Enserio? Que grata noticia, ¡Oigan todos! —le gritó al pueblo—, mi guardia Tolér y esta hermosa joven que es como mi hermana se van casar Todos aplaudían, excepto Lamber, que con su mirada triste veía el rostro contento de Nanly, le parecía extraño como se enamoró en un instante de la chica que hacía latir su corazón, sin embargo estaba emocionado porque se había ganado su confianza y cariño, no lo veía como a un monstruo, como lo habían llamado los hijos de Ildico, sino como una persona, la persona que llevaba en su interior. —¿Te sientes bien? —le preguntó una mujer —Sí, estoy bien, necesito tomar algo de agua En medio de la multitud que seguía aplaudiendo y felicitando a la pareja, Lamber decide salir para tomar aire, olvidar el hecho y olvidar que se había enamorado de alguien que ya se había comprometido con un chico, chico al cual llamó apuesto y a quien decía envidiar. —¡Lamber! —lo llamó Nanly al verlo irse—, ¿A dónde vas? No quiero que te vayas —le dijo cntenta —¿Por qué? —Porqué desde ahora serás mi mejor amigo o el hermanito que nunca tuve —Ah, eso —Ven, acompáñame —le rogó y tomó su mano —No, estoy cansado, debo ir a descansar un poco, en parte tengo sed —Acompáñame, ¡Anda! Di que sí —No puedo Nanly, enserio no puedo —¡Anda!, Por favor —le seguía rogando —¡Que no puedo! ¡¿Qué no me escuchas?! —le gritó Nanly soltó su mano y se puso triste, sintió que había hecho sentir incómodo a quien ya había veía como su mejor amigo, no imaginaba que el pobre sufría por ella y que se le hacía difícil disimular solo verla como amiga y no dejar brillar sus ojos como evidencia a lo que realmente sentía. Al ver que nanly bajó su cabeza por haberle gritado, tomó sus manos y tocó sus mejillas, se le acercó y la miró a los ojos. —Perdoname por haberte gritado, no fue mi intención hacerlo, jamás te gritaría, te has portado como un ángel conmigo, te quiero —¿Enserio me quieres? —Sí, te quiero, ya te has convertido en una persona muy importante para mí Nanly —¿Sabes? Apenas nos estamos conociendo, pero siento que eres una gran persona, que eres una persona, y… —¿Qué? —Yo también te quiero, no sé je, je, je, je, lo siento dentro de mí. Bueno, te dejo, debo continuar con esta fiesta que surgió de la nada, luego nos vemos Al marchar hacía la multitud, Lamber se llenó de tanta emoción, que sintió que él sería el novio y que él era a quien felicitaban y aplaudían, sin creer en lo que había pasado, se fue dando saltos muy felices por una parte estrecha del pueblo, y mientras daba brincos y brincos cayó en un fango apestoso.
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