No podía creer lo que me estaba pregunta. Tampoco el hecho de que no supiera quien era. ¿Qué había sucedido con Abimael? ¿Dónde estaba? De pronto sentí como todo se detenía a mí alrededor. Mi hermano a mitad de camino de salir de la cama alarmado, la puerta abriéndose dejando a la vista la mano de mi padre, Abimael, aún con su mirada perdida y con temor. -Se ha ido- me dijo una voz que ya me era más que conocida. Gabriel. -¿Dónde está?- le preguntó al girarme hacia la izquierda, donde se encontraba a unos pocos metros de mi- ¿Dónde está Abimael?- le grité furioso. -Como ya te he dicho… se ha ido- me contestó sin moverse, ni que se le notara ningún tipo de sentimiento. Parecía que poco le importaba que Abimael… se hubiese ido. -¿Dónde está?- volví a preguntar. -No es que no me impor

