Pasaron algunos días hasta que mi padre y mi hermano llegaron nuevamente a la casa porque, según ellos, la misión se les había complicado más de la cuenta. -Ese hombre lobo sí que se nos escapó muchas veces- comentó Ray en la mesa mientras estábamos comiendo la cena. Hacía solo un día que habían llegado y la vedad, desde que vi a mi hermano poco me agradó, capaz fue por el hecho de que cuando apenas bajó del coche de mi padre corrió, literalmente hablando, a los brazos de Abimael, o por el hecho de que parecía que se lo comía con la mirada. En fin, ninguna de esas cosas me agradaba, pero aun así no dije anda, incluso cuando inocentemente Abimael me preguntó por qué cada vez que miraba a mi hermano parecía que expedía un aura oscura. -En verdad Eithan, tienes que venir con nosotros en la

