Vi a mi hermanita, que ya parecía tan mayor, salir de mi habitación. Me levanté de un salto y fui inmediatamente a mi cómoda a coger el joyero que compré en la joyería Franklins el día que conocí a Leyla. Lo abrí y miré el pequeño medallón. Era perfecto para ella. Sonreí para mis adentros. Una semana después, Leyla y yo seguíamos sin comunicarnos. Claro, había desistido de llamarla. Sabía que lo mejor era olvidarme de ella. Todo eso de salir con alguien por dinero fue una mala idea desde el principio, y además me salió el tiro por la culata, considerando que Leyla empezaba a gustarme mucho. Recibí la esperada visita de la mamá de Leyla. No estaba cumpliendo con mi parte del trato, y a estas alturas, ya no me importaba. Ya estaba empezando a pensar en nuevas opciones. Quizás después de p

