Oí sonar mi celular. Mientras dormía, no sabía si de verdad sonaba o si estaba soñando. Pensaba, en mi letargo, que quizá era Leyla llamándome. Entonces me di cuenta de que mi celular sí sonaba, y que llevaba mucho tiempo sonando. Me levanté de un salto y revolví la habitación oscura y extraña buscando mi teléfono. Lo encontré dentro del sofá donde dormía. El número no me sonaba. Supuse que sería Renée. No tenía ni idea de cómo había conseguido mi nuevo número de móvil, pero solo ella se atrevería a llamarme a estas horas de la mañana. Conociéndola, probablemente era algo infantil y estúpido. —¡Hola!— grité en el teléfono. ¡Dany! Soy papá, ¿estás despierto? —Parecía estar en pánico. Papá nunca entraba en pánico. —¿Qué pasa?— dije. Me froté los ojos bruscamente y negué con la cabeza i

