Decisión Miles irrumpió como un vendaval en la sala de urgencias, su abrigo aún abierto, el rostro crispado por la angustia. Apenas recibió la llamada de Ralph, dejó todo y salió disparado. Ni siquiera recordaba cómo había llegado al hospital; solo sabía que tenía que estar allí. Que Nate lo necesitaba. Lo encontró sentado junto a una de las paredes, con los codos apoyados en las rodillas, la cabeza gacha, los dedos enlazados temblando sobre su boca. El hombre que siempre había tenido el control de todo - el genio, el cirujano de precisión milimétrica, el líder respetado - parecía ahora un muchacho perdido, suspendido en un presente que amenazaba con derrumbarse. - Nate. - llamó en voz baja, como si temiera romperlo con el más mínimo sonido. Nate levantó la mirada. Su expresión era un

