Rubí, nerviosa, apartó la mirada y tartamudeó: —Tú... Yo... ¿no te acabo de llamar "esposo"? ¿Por qué te pones así? Marcus esbozó una sonrisa ladeada. Aunque su tono seguía frío, había un toque juguetón en su voz. —¿Qué? ¿No decías que te ibas? ¿No asegurabas que me gustaba otra persona? Entonces, ¿por qué insistes en llamarme "esposo"? Al verlo hablar de esa manera, Rubí notó que su enojo se había disipado. Aliviada, extendió la mano hacia su frente. —¿No querías que te masajeara la cabeza? Siéntate, rápido. Marcus soltó una carcajada mientras se acomodaba en el sofá. —Está bien, entonces, hazlo bien —le dijo con una sonrisa. Rubí asintió y comenzó a masajear suavemente su frente, susurrando: —Antes... te malentendí, y me gustaría disculparme. ¿Podrías dejar de estar enojado? Marcus

