MARIANA DE LA NOCHE. Capítulo 33. Salimos del hotel, no sabía quién estaba más loco, ella o yo por seguirla. ¿A quién se le ocurre ir al mar a esa hora? Llegamos a la playa, lo primero que hizo fue quitarse las sandalias, empezó a caminar descalza, una sonrisa se dibujó en sus labios. Se detuvo justo cuando el mar empezó a tocar sus pies, yo me quedé observándola. Me senté en la arena, ella me miró con esa bonita sonrisa. —¡Me encanta el mar! —Me imagino lo fría que está el agua —sonreí. —¡Está rica! Se hincó y con sus manos me tiró unas gotas de agua, me levanté y me alejé, escuché sus carcajadas. —¡No seas flojo! Y la sonrisa que tenía en mi rostro desapareció como espuma. Llegaron unos recuerdos a mi cabeza de una escena muy parecida a esa, fue inevitable no sentir tristeza. E

