capítulo 36.

2621 Palabras

MARIANA DE LA NOCHE. Capítulo 36. Pegué la cabeza al volante y respiré profundo varias veces, ni modo, ya la había embarrado. Escuché la puerta de atrás, me quedaba muy claro todo. La miré por el retrovisor tenía los ojos cerrados, encendí el auto y seguimos nuestro camino. El silencio era tan grande que de verdad parecía que yo iba solo, no quise decir nada, para que seguirla cagando. De vez en cuando la miraba a través del espejo, estaba dormida y no me cansaba de decir que esa mujer era hermosa. Se me aceleró el corazón de una manera que no me gustaba. Aquí iba otra vez dispuesto a meter las patas bien metidas. Avemaría por Dios, ya tengo doctorado para meterme donde no debo. Le hablé a mi padre para avisarle que ya iba de regreso y para preguntarle por mi madre. Todo seguía igual,

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