Inhala, exhala, inhala, exhala, inhala, exhala... Repito el mismo proceso por aproximadamente tres minutos, tratando de serenar mis pensamientos y dejar los nervios atrás. Llamo a la puerta golpeándola con mis nudillos, mordiendo mi labio inferior al mismo tiempo. Espero oír algo del otro lado, pero eso no ocurre, en su lugar, me envuelve el silencio, uno que no contribuye con mi misión de hallar la paz. Tomo eso como una señal de que todo va a terminar muy mal, de que esto fue una pésima idea y de que debo irme, entonces doy una media vuelta para alejarme de la entrada a la casa. Camino unos pasos, un poco alviado de que nadie abrió esa puerta, pero luego pienso que quizás fue porque no me oyeron, y que debería hacerlo de nuevo. Quiero irme, claro que sí, pero ahora que esa posibilid

