-Por favor, dime que no es cierto... Quise evitarlo, deseé que mi voz sonara neutral, como de costumbre, que no se colara ningún sentimiento ligado a la desesperación o al pánico, pero fue imposible. El tono brotó de mis labios cargado de súplica. Una parte de mí, no tan el fondo, esperaba que al escucharme Alejandro pudiese percibir el agobio y se condoliera de mí, para luego asegurarme entre carcajadas que se trataba de una broma de mal gusto, que mintió. Se mostró firme a su palabra las tres veces que pregunté "¿en serio?", pero podría soportar que estuviese jugando con mis sentimientos siempre y cuando, en algún punto, decida sincerarse. No lo golpearía, creo que estaría demasiado aliviado como para querer hacer algo diferente a darle un abrazo. El chico parpadeó en silencio, en vari

