Doscientos treinta... Doscientos treinta y uno... Doscientos treinta y dos... Doscientos treinta y tres... No sé cómo he podido mantener la concentración hasta alcanzar tal número, supongo que es gracias al hecho de que resulta bastante entretenido y me distrae de cualquier otra idea que pudiese llegar a mi cerebro. Desde que crucé la puerta principal de mi casa no he parado de contar cada paso que doy en dirección a mi encuentro con Madison. Empecé a hacerlo porque en lo que va de la mañana no me he sentido nervioso o sofocado y planeo permanecer en un estado semi neutral todo lo que pueda. Sin embargo, notar que la misión estaba llevándose a cabo con éxito, irónicamente, terminó siendo el pensamiento que me alejara de mi objetivo. Entonces, ya sin una actividad alternativa aparte d

