Paseo mis ojos por el perfil izquierdo de Madison nuevamente, preguntándome qué está pensando justo ahora. Como las veces anteriores, ella permanece inmóvil a mi lado, sin dejar de contemplar el cielo a pesar de notar que la observo tal cual lo haría un acosador. En cuanto me dispongo a mirar nuevamente las estrellas, ella gira su cabeza, quedando cara a cara conmigo. Una sonrisa se forma en sus labios apenas nuestros ojos se conectan, gesto que inevitablemente correspondo dos segundos más tarde. Ninguno de los dos rompe el pacífico silencio que hemos creado con palabras, únicamente nos limitamos a disfrutar del momento. Mi corazón, el cual parecía ya haberse acostumbrado a la idea de tenerla tan cerca, comienza a acelerarse cuando percibo la casi inexistente lejanía entre el rostro de

