Intento seguirle el paso a Brad, el chico frente a mí. Él da grandes zancadas al frente sin molestarse en dar una mirada en mi dirección. Me enfoco en no perder de vista su espalda. Agradezco que la mayoría de los chicos se encuentran retenidos en sus respectivas aulas, porque de lo contrario sería misión imposible mantenerlo dentro de mi campo de visión. La curiosidad de saber por qué el entrenador pidió expresamente que fuera a su despacho se apodera de mi mente y no consigo centrar mis ideas en algo diferente. Llegamos a nuestro destino en menos tiempo del esperado, considerando la distancia que hay entre mi aula y la oficina personal del entrenador. Para ser sincero, eso puede deberse a la carrera de mi acompañante. -Bueno, debo regresar a clases- informa Brad, girando hasta encara

