—¡Woow! ¡Hasta que al fin el señor apareció! —exclamó Lorena rodeando la mesa donde estaba sentado Eiron. Mientras presentaba su show desde lo alto lo divisó en seguida. Era imposible no reconocer el brillo de esos cabellos rubios. —¿Qué carajo te pasa ahora? —le respondió él de manera tosca. En el trato de ninguno de los dos había sutileza, no podía haberla de parte de la morena, porque ella sabía a al perfección lo que él estaba pensando de Altair, y aunque ella no tenía del todo la seguridad de que ella fuera o no una traidora, en su subconsciente algo le decía que Eiron estaba actuando en forma errada. Altair no podía siquiera considerar hacerle daño. Lorena sabía que esa chica estaba hasta la médula enamorada por ese maldito hombre que se empeñaba en ver cosas malas en su pequeña a

