Daniel Mackenzie Dicen que bebiendo se encuentra el olvido, pero en mi caso es una maldita mentira. Mientras más copas me tomo, más me duele que Valeria se haya ido. Y peor aún, me duele saber que fui yo quien la dejó escapar. Pero, ¡maldita sea!, ¿cómo se detiene a una mujer como ella? Una fuerza de la naturaleza, indomable, intensa… imposible de retener si no quiere quedarse. Han pasado tres días desde que se fue. Tres malditos días. Y las ganas de ir a buscarla, de reclamarla como mía, me consumen. ¿Cómo demonios pretende esa mujer que aguante dos meses sin verla? Me siento acabado. Triste. Hecho un desastre. Estoy renegando de mi soledad como un adolescente despechado, bebiendo por ella, por su recuerdo, por la rabia de no haber sido más valiente, más decidido, más hombre. No s

