Alejandra había heredado el desorden rizado que era el cabello de Noe, salvo por el tierno color trigo más claro de David, lo que lo hacía lucir espumoso y ligero, pareciendo flotar cuando ella caminaba. Todo lo contrario a la pesada y viscosa melena negra que le caía hasta casi media espalda, lustroso y en una eterna apariencia de haber sido cepillado recién, de un café tan oscuro que parecía un n***o puro que atrapaba la luz y la devolvía en un reflejo casi cristalino. Los rasgos finos y orgullosos de una élite marcada por las diferencias raciales en el mundo, aspecto que en nada desmerecía frente a los soberbios caucásicos. Aquella piel color bronce tan lisa y perfecta, no hacía sino darle un aire aún más superior al traje italiano con costuras externas, demostrando haber sido hecho a

