3: El sexy archivador

1428 Palabras
CAPITULO 3: El sexy archivador —Señor, yo… —empecé a decir nerviosa. —Me gustabas más cuando no sabías quién era —me interrumpe. —Señ... —Hector. Mi nombre es Hector. Confundida y atacada de los nervios por el morbo que este hombre me hace sentir, trago el nudo de emociones que este hombre me hace provoca, porque no paro de temblar y de sentir que ardo por dentro. —Lo siento, señor. Pero no creo que esto sea correcto. —le suelto. De repente él me quita el moño que llevo dejando que mi cabello esté suelto y roce mis pechos cubriendo mis hombros, dejo de respirar, mi mirada trabada en la suya sin poder moverme. —¿Se te olvidó como hablar? —me pregunta, rompiendo el silencio con voz profunda. —No, señor —respondo al borde de desmayarme. Él sonrió. —Entonces, ¿por qué de repente pareces intimidada por mí? Trago pesadamente saliva, realmente no encuentro mi voz, pero logro que mi cerebro se una con mi lengua y cuando voy a responder, se escuchan las voces de mi jefa Matilda y el secretario de Hector Black; Steven que entran en el despacho de ella. Hector Black pega su cuerpo al mío y me susurra callar. Sin saber muy bien por qué, aprieto los labios para obedecerle. —¿Dónde está Johana? —oigo que pregunta mi jefa, me estremezco, más que por Black porque sé como es ella cuando no me ve; un monstruo. —De seguro que está en la cafetería y tarda en volver —responde Steven, y se escucha cuando cierra la puerta de la oficina de mi jefa. —¿En serio? —pregunta mi jefa. —En serio —insiste Steven—. Ven, quiero ver qué llevas debajo de esa falda. Me ruborizo por completo, joder, esto no puede estar pasando. Lo ultimo que quería era ver a estos dos follando frente a mis narices y las de Hector Black, es decir ya los había visto pero me daba vergüenza verlos con el jefe. Intento alguna forma para que se vaya o encubrir tal atrocidad pero me quedo en blanco, sus ojos fijos en los míos. —Cálmese, señorita Clare. Disfrutemos el show —susurra Hector Black. Me quedo en blanco, solo quiero irme de aquí, cubrirme los ojos o solo simplemente desaparecer. Se escuchaban los jadeos y sus respiraciones agitadas al igual que el choque de sus bocas, aprieto mis labios y miro por la pequeña abertura de la puerta del archivo y me quedo en blanco cuando veo a mi jefa sentada sobre su mesa abierta de piernas y a Steven manoseándola debajo de la falda. Mi respiración se agita por completo y el señor Black sonríe mientras me envuelve con una mano la cintura para acercarme a él, mi pecho rozando el suyo, tan cerca que me hace temblar mientras todo mi cuerpo se calienta. —¿Excitada? —pregunta el señor Black. Le sostengo la mirada pero no soy capaz de decir nada, me siento muy avergonzada por lo que estoy presenciando, sin embargo sus ojos color miel no dejan de verme, se inclina aún mas de modo que sus labios rozan los míos. —¿Te gusta que te agarre así? ¿te excita? —insiste. Tragué pesadamente saliva, sentía que estaba más caliente que una hoguera, claro que me gustaba que me agarrara así y es que me excitaba muchísimo, pero a la vez me sentía cohibida porque no conocía realmente a Hector Black, era una descarada por ni siquiera moverme. Así me sentía. Mira por la rendija y Hector me jaló con él para tener una mejor visión de la escena de mi jefa con el secretario, me quedo muda por lo que veo, Matilda Klein se encuentra abierta de piernas sobre la mesa, mientras Steven le devora el coño con la boca sin piedad. Cierro los ojos a pesar de que estoy tan caliente que me asusto de mi reacción, más aún porque Hector Black me sigue sosteniendo y se acerca a mi oreja para susurrar: —¿Te asusta mirar? Trago pesadamente saliva. —No —contesto. Él sonríe. —Pero no me parece bien que los estemos mirando —continué diciendo—, señor Black. Creo que… —Mirarlos no nos matará —replicó—, es excitante. —Es mi jefa. Afirma con la cabeza y, mientras pasea su boca por mi oreja, susurra: —Me gustaría que fueras tú la que está en esa mesa con las piernas abiertas para mí. Lamería tus piernas y la parte interna de tus muslos, luego metería mi lengua en tu entrepierna hasta hacerte desbordar de jadeos y hacerte mía. Me quedé en shock. ¿Pero qué me había acabado de decir? Todo mi cuerpo reacciona ante sus palabras y siento que mi vientre se deshace por completo. Lo que ese hombre acaba de decir me aumentó el deseo en cada esquina de mi cuerpo y no lo puedo disimular. Mi respiración está agitada y mi corazón se desenfrena cuando sus labios me rozan la mejilla y se detiene frente a mis labios. Él no aparta la mirada de la mía, yo no me muevo, no puedo, no respiro, siento que ni siquiera existo. Jadeo cuando de repente su boca está sobre la mía como si me quisiera tragar entera, no respiro pero no me importa, solo le correspondo con el mismo furor sintiendo que se me va a desprender el alma del cuerpo ante el deseo. Quiero más. Su lengua entra en mi boca y yo siento que soy fuego ardiente con él, ambos consumiéndonos en el furor del momento, le correspondo con la misma fuerza y ahora soy yo la que presiona mi cuerpo contra el suyo queriendo que este ardiente deseo me consuma, es algo desconocido, algo que nunca había probado y quiero probar. No valía la pena recordar el pasado o las cicatrices, solo el ahora. Durante unos segundos, solo nos besamos apasionadamente mientras estamos envueltos en los jadeos de mi jefa a solo unos metros de nosotros. Mi cuerpo tiembla por completo al contacto con su cuerpo entero. Siento cómo sus manos bajan a mi trasero, me aprietan y jadeo contra su boca… quiero que me agarre toda, de repente se separa un poco dejándome con las ganas y pregunta: —¿Quieres ir a cenar? Relamo a mis labios y niego con la cabeza. ¿Cómo me proponía tal cosa? Él era el jefe; el dueño de este lugar, meterme con él sería mi perdición. Esta decisión tenía mala cara por todos lados. —Te busco. —insiste. —No. —replico. Él sonrió. —¿Vas a desobedecerme? —No es eso señor... —¿Entonces? —me interrumpe. —Yo no salgo con los dueños de la empresa. —Me parece que conmigo sí. —replica y se inclina nuevamente hacia mí. Jadeo cuando volve a besarme, un beso completamente arrebatador que logró encender todo dentro de mi, el fuego incrementando cuando mis piernas temblaron, él vuelve a meter su lengua en mi boca y yo me aferro a él, cuando se vuelve a separar dejándome desestabilizada. Apreté los labios, él sonrie sabiendo que estoy quemandome porque continue tocándome. Saca su teléfono y comienza a tocar la pantalla, seguidamente oigo que llaman a la puerta de la oficina de mi jefa, mientras él me pide que guarde silencio. Noto como mi jefa y Steven se recomponen rápidamente; en un parpadeo, me sorprendo. Segundos después, Steven abre la puerta. —Disculpe, señora Klein —dice alguien que no logro ver— El señor Black quiere tomar un café con usted, dice que la espera en la cafetería. A través de la puerta entreabierta y aún con el Hector Black encima, veo cómo Steven se va y mi jefa saca su estuche de maquillaje para retocarse y sale del despacho. Hector me suelta pero no aparta la mirada de mí, iba a decirle algo cuando él me calla con su mano diciendo: —Será secreto —Camina hacia su oficina y agrega—: La paso buscando a las nueve, busque algo elegante. ¿Algo elegante? Me quedo mirando el lugar por donde se fue, ¿pero qué le pasa este hombre? Suspiro aun acalorada y mi telefono suena en mi bolsillo, al sacarlo veo que es una mensaje de un numero desconocido que dice: Desconocido: A las 9, espero que esté lista, soy el jefe, sé donde vive. -H.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR