Capítulo 30: La habitación de los arreglos Tal vez no debí hacerlo, es decir, al final soy su secretaria, pero si no lo hacía, si no le pagaba con la misma moneda iba a explotar. Si me despiden, pues... a buscar otro trabajo ni de otra.. Cuando Hector llega con los demás a la mesa sé que sigue molesto, la vena de su frente brota, de repente antes de sentarse me hace una seña con el dedo para que lo siga y no puedo negarme, es decir, estamos frente a todos. Tomo agua y voy tras él como si fuera trabajo, al estar enfrente noto que su rostro está rojo. —¿Sí, señor Black? Hector susurra, su murada fija en la mía cuando dice: —¿Qué estás haciendo, Ana? Uhm ahora ya no soy la señorita Clare. —Pretendía almorzar. —digo. Él alza una ceja. —¿Por qué me estás haciendo enfadar? —suelta. —A

