Desde que arrancásemos el silencio reinó dentro del vehículo. Fernando no escatimó en la velocidad, cosa que le agradecí. Atrás Graciela tomaba fuerte por el cuello a Adriana, sin conocerla. Estaba asustada. Vanda por su parte, miraba en todas las direcciones. –Fernando ¿Cuántos carros viste a tu llegada? –Le preguntó estirando el cuello fuera de la ventana viendo a lo lejos la entrada donde el enorme árbol recibió el impacto. –Sólo el de María de Lourdes. –Hay otro muy cerca desde aquí puedo verlo. Saqué la cabeza por mi ventanilla y vi el auto. –Quizás fue alguien que quiso auxiliarlos. –Comentó Adriana, su tono era de gran preocupación. –No, ese es el carro donde José se llevó a Yvonne. ¡Para Fernando! Se detuvo de golpe y bajé, ellos me siguieron. –¡Yvonne! –Aún no estábamos pe

