18-Mía

2630 Palabras

La sonrisa de Nika y el leve rubor que apareció en su rostro al escuchar mis palabras fueron un regalo que me revitalizó por completo. Era cautivadora. Tan increíblemente bella que deseaba poder llevarla conmigo a todos lados, protegerla de cualquier peligro que se atreviera a acercarse. —Ahora tienes que entrar en mí —declaró, esbozando una sonrisa como si fuera lo más natural del mundo. Pero no lo era. Al menos no para mí. ¿Qué se suponía que debía hacer a continuación? —Nika...—tragué saliva con dificultad, desviando la mirada hacia su centro húmedo, brillante y tentador. Mi erección volvió a endurecerse tanto que casi dolía—. ¿Qué hago ahora? Nika soltó una risita juguetona, lo que me hizo fruncir el ceño. Con mis manos apoyadas a ambos lados de su cabeza, me debatía internamente,

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