Los días posterior a su muerto podía escuchar su voz en todos los rincones de la casa, caminaba como zombie detrás de su voz para encontrarme con un espacio vacío, le había prometido ser fuerte, pero nadie te dice lo que va a doler, por más que te lo imaginas. No sabía que hacer sin él, que se había convertido en mi todo; en mi esposo, mi amante, mi mejor amigo, mi compañero en todo. A quien le pedía consejos, quien me veía como su igual en todo el sentido. Lo había perdido todo. Lo imaginaba llegar a casa, buscarme por todas las habitaciones y sostenerme por la cintura, que me besaba y me decía lo mucho que me había extrañado. Lo que odiaba estar separado de mí, siempre le decía que era ridículo, pero él siempre fue un romántico. Mi romántico. Me malcrió con sus afectos, con su manera de

