6 Wulf La guardiana Egara me llevó personalmente en un pequeño vehículo de metal y plástico a la residencia de Olivia Mercier. No había sido tan sencillo como pensaba, puesto que era al menos sesenta centímetros más alto que casi todos lo humanos, incluso más alto que eso para una gran parte de la población. Resultaba difícil pasar desapercibido. Dado que había causado un desastre en la transmisión en vivo, era más famoso que nunca. Por eso agradecía la oscuridad de la noche, que nos ofreció un cierto anonimato. No me gustaba la concepción de ser famoso o de que esos… paparazzi siguieran a mi mujer por eso. De hecho, prácticamente me producía picazón la idea de que mi compañera y yo fuéramos el centro de atención. El tópico favorito de especulación. Por lo que había dicho la guardiana E

