—Hola, guapo —lo saludé como de costumbre, pero no sé si eso fue peor porque me incendió con la mirada y admito que fue intimidante, siempre me has aterrado enojado, rubio—. Perdón por decirte así, es la costumbre. No vuelve a pasar. —¿¡Y tú qué haces aquí!? —dijo a la defensiva en un tono muy fuerte e incluso agresivo, tanto que varias personas que estaban alrededor nos miraron. No sé si decirle “guapo” era como para que me gritara así. —Mmm, supongo me llamaron por lo mismo que a ti. —Es lógico, supongo por qué estás acá, es más que evidente —dijo en un tono de burla que me confundió, no tenía idea de qué quería decir. Me puse de pie y lo miré. —Ya terminé todo acá y ya me iré. No te quería incomodar, de verdad. Ya puedes tranquilizarte. —Eres peor de lo que pensé —dijo enfurec

