Me encontraba en el estadio esta noche junto a mis colegas de la empresa y un desconocido que tenía tremenda mala cara al ver que nuestro equipo iba perdiendo vilmente, lo cual nos tenía a todos de un genio terrible, pero a ese sí que mucho más. Todos usábamos la camiseta del equipo como es usual, pero la mía sí que era superior. Tenía ni más ni menos el modelo más reciente, la original que acababa de salir a la venta hacía horas y por supuesto mi bellísima persona la tendría que usar de primero lo cual generó envidia y que incluso quisieran comprármela, pero ni mierda. —¡Ah! ¿sabías que si el partido queda así como está, el Junior tendrá que hacer cuatro malditos goles en Medellín para pasar la final? —chilló casi entre lágrimas Juan Simón al ver el marcador negativo y resoplé. —Sie

