Una enorme sombra corre detrás de mí mientras mis pies sangran descalzos tiñendo la blanca nieve, mi agitado corazón y mi tembloroso cuerpo parece que pronto sucumbirán ante el cansancio y aflicción, mis fuerzas no dan más. Mis pies casi se congelan a cada paso que doy, ahora sobre el falso cristal de un río congelado, trastabillo y caigo, las grietas sobre el hielo me aterran tanto como el dueño de la sombra que me asedia, giro para ver su rostro, por fortuna lo he perdido, pero el hielo se rompe dejándome en el fondo del helado río, trato de nadar de forma inútil, mis extremidades no responden, siento que me hundo más y más, hasta que una mano me toma por el brazo, no para liberarme, sino para hacerme regresar a mi prisión. —Corre cuanto quieras —susurra con su aliento alcohólico peg

