Elevo mis manos al compás de la música mientras cierro los ojos dejándome llevar por el ritmo deseosa de que la noche se alargue, el alcohol en mi sistema empieza hacer efecto, haciéndome sentir extrañamente feliz. Abro mis ojos para observar las luces multicolores que parpadean iluminando el lugar, todo parece mágico e irreal, me dejo llevar por el efímero momento de felicidad. Hacia meses que la angustia no me liberaba y ahora estoy aquí disfrutando de lo que soy, una adolescente que no debería tener ningún tipo de preocupaciones, pero en cambio llevo conmigo una enorme carga que amenaza con destruirme aún más. —¡Todo es perfecto! Cierro nuevamente mis ojos y grito a todo pulmón logrando que mi voz se mezcle con el bullicio, y la música que en otro momento creería que haría estallar

