FERNANDO Detengo por un instante mi coche frente a la entrada del estacionamiento para observar los edificios que se encuentran a distancia. “Colegio Francis Bacon”, leo en lo alto del edificio con letras doradas, doy un hondo respiro sabiendo a lo que he llegado, no puedo postergar por más tiempo el plan de mi padre, dos semanas sin asistir al colegio tratando de huir de tan repulsivo plan han llegado a su fin y ahora tengo que enfrentar mi destino. El sonido de la bocina de un auto provoca que ponga en marcha nuevamente el mío. —¡Muévete, idiota! —me grita un chico sacando medio cuerpo por la ventanilla del copiloto cuando pasa al costado de mi coche para después reírse como si hubiese contado un gran chiste. Sólo lo observo y muevo la cabeza en negativa creyendo que ese tip

