Sonrío sintiendo los labios de mi madre al hacerme cosquillas mientras me besa una y otra vez la mejilla. —Levántate, dormilona —me susurra. —Es horrendo trasnochar, jamás volveré a ir a una fiesta —digo con pesadez y sin querer abrir los ojos. —No seas exagerada, ya verás que de pronto no querrás hacer otra cosa que salir de parranda —dice mi madre acostándose a mi lado— ¿Te pidió que fueses su novia? —me cuestiona y sé que sonríe, abro los ojos y veo hacia ella, corroboro que tiene una enorme sonrisa. —¿De qué hablas? —pregunto aún intuyendo la respuesta. —Ferkon te ha enviado flores —habla emocionada. —¡¿Qué?! —me levanto de un salto. —Debo decir que es un tacaño, tan sólo son dos rosas blancas... —sonrío— y una notita —ve hacia mi buró y toma la hoja que sólo se encuentra do

