Trato de mantener mi cabeza ocupada con la conversación que sostenemos con Danilo y Fernando, pero es imposible que a mi mente no se asome una y otra vez lo que le escuché decir a Ferkon el día de ayer: «sólo drogado me acostaría con Camila», y el que intente hablar conmigo diciendo que todo tiene una explicación provoca un deseo inmenso de querer saber lo que me dirá, soy tan tonta por desear escucharlo. Cuando la campana suena los cuatro nos dirigimos a la biblioteca, somos parte del mismo grupo de trabajo, Monse y Danilo caminan a unos cuantos pasos delante de mí y Fernando, ellos conversan como si se conocieran de toda la vida. —¿Te parece si después del colegio te invito a comer? —me cuestiona Fernando cuando estamos a escasos pasos de llegar a la biblioteca. —No estoy de ánimos —

