Río a carcajadas ante los malos chistes de Fernando cuando ya nos encontramos degustando el postre. —Ya basta con tus malos chistes —pido con una mano sobre mi estómago, ahora me duele después de tanto reír. —¿Malos? ¡Por favor! Soy el mejor comediante del mundo —me dice sonriendo—. De lo contrario no estarías con ese placentero dolor abdominal. —Río por lo malos que son —respondo e intento controlare. —Okay. Te creeré y desistiré en convertirme en una persona del espectáculo circense sólo si no te hago reír con el siguiente chiste —levanta una ceja mostrando una falsa seriedad—. “¿Puedo confiarte mi futuro?” —presiono mis labios entre sí para no volver a reír. —Anda. —¿Preparada para el mejor chiste del “mundo mundial”? —sonrío cuando cuestiona— Ves, soy buenísimo. Aún no he cont

