01

1505 Palabras
-Oh, preciosa Bella. ¿Estás aquí? - escuché la voz de Mery, mi mejor amiga. -Lárguense. - escupí. -Este lugar es tan anti higiénico hasta para llorar. Sal princesa. - ahora era Tory la que hablaba. -Sólo quiero caer en un agujero y no salir más. - dije entre lágrimas. -No es para tanto. -Hasta una niña de primero se rio en mi cara. - solté, limpiando mi rostro. -Ya sal de ese baño horrible Bella. - exigió Mery. Abrí la puerta de uno de los baños de chicas, ellas dos estaban frente a mí con sus brazos abiertos. -Ven aquí. Y sin decir más, me abalance hacía ellas, abrazándolas fuertemente mientras que lloraba sin parar. Me había rechazado. Mi crush lo había hecho frente a todas las personas. "El que no arriesga, no gana" Había dicho mi amigo. Pero si, perdí. Me había arriesgado, y salí lastimada, con el corazón roto y siendo el hazme-reír de todo el maldito instituto. Los rumores corrían rápido en el pequeño colegio de Australia. No tuve otra opción que encerrarme en el baño a llorar y pensar en lo estúpida que era. -Se rio en mi cara. - murmure. - Ese maldito me tomó como una broma. - cerré mis ojos y bufé. -No puedo creer que te guste ese tipo de hombres, Bella. - negó Tory. - ¡Tory! - exclamó Mery, como si hubiera dicho algo que no debería decir. -Me gustaba. - le conteste. - Lo único que siento por él ahora es asco. - escupí. - Es un mono estúpido con aires de grandeza. Otro estúpido, lindo, perfecto e inteligente adolescente idiota. - suspire. Había conocido a Luke el día que empecé la secundaria, a los trece años, él tenía un año más que yo, así que nunca le preste mucha atención. Y unos días luego de que la escuela haya empezado, una niña se había quedado encerrada en el cuarto de limpieza. No sé si fue porque nunca había visto a alguien abrir una puerta de una patada con tanta facilidad. O por la forma en la que cargaba en sus brazos a la pobre chica. O como lo único que le importaba era ponerla a salvo a ella. Pero ese día, ese maldito día... Me enamoré de Luke Henderson. -Espero que tus palabras sean ciertas. - escuché susurrar a Mery. -Le diré a papá que me venga a buscar. No quiero seguir aquí. (...) - ¿Tu cabeza dolía? - preguntó preocupada el hombre con pelo canoso y barba afeitada. -No. - ¿Tu estómago está bien? - -Sí. - asentí, agarrándome de su brazo. - ¿Estás en tus días de mujer? - preguntó descaradamente. - ¡Papá! - exclamé, y fue la primera vez desde lo de la mañana, que sonreí. - Bueno, está bien. - abrió la puerta de su auto para que subiera. - ¿Mejor no pregunto? -Mejor así.  - y cerró la puerta. Después subió desde su lado. -Compré esto. - me tendió un vaso de café. -Eres el mejor. - lo tomé y comencé a beber. -Bella, tengo algo que contarte. - se giró a mi cuando estábamos en uno de los semáforos de camino a casa. -Cuéntame. -Mi amigo de toda la vida, John, está haciendo algunas reparaciones en su casa. - sabía por dónde venía. Mi papá era muy generoso, demasiado. - ¿Cuántos son? - pregunté sin rodeos. Era obvio que el amigo de papá vendría a casa. Nuestra casa era grande y tenía varias habitaciones sin usar. -Tres. -me encogí de hombros. -No me molesta que estén en casa, papá. ¿Por cuánto tiempo? -Alrededor de tres meses. - suspire, era mucho tiempo. -Está bien. Si quieres acomodo las habitaciones hoy. - me ofrecí. -Solo necesitamos dos. Es mi amigo con su esposa, quienes ocuparán una habitación y luego su hija en la otra. Menos mal que se quedaba una mujer porque no tenía ánimos de soportar a un hombre. No tenía ganas de que un pervertido me estuviera acechando por tres meses. (...) - ¡Nelson! ¡Quédate quieto y acomoda tu cuarto! - le grité a mi pequeño hermano de tan solo once años. Mi familia era integrada por solo tres personas. Mi papá, Lenny, quien era la mejor persona del mundo; mi hermano, Nelson, el niño más travieso que conozco y luego yo, Bella Cooper, la chica a la cuál su crush la había rechazado frente a todo el maldito colegio. Las horas pasaron y papá estaba cocinando, yo nunca lo hacía, estaba prohibido que yo cocinara desde aquella vez que accidentalmente deje en el horno un pavo y todo casi explota. Todos estábamos vestidos elegantes, hasta Nelson se había bañado, que es algo difícil. Entonces, a esa altura de la noche, el timbre sonó. -Atenderé yo. - escuché gritar a mi papá. Baje las escaleras lentamente, con cuidado de no resbalarme con los tacones. Pensaba en lo lindo que sería tener a otra chica en la casa, siempre había sido yo la única aquí. Al fin alguien con quién charlar y alguien co... -Bien preciosa, te los presentaré. - dijo mi padre, yo estaba muda y seguramente mi corazón estaba por sufrir un infarto. - Él es mi amigo del alma, el grandioso John Henderson y ella es su hermosa esposa Liz Henderson...- cerré mis ojos, aguantando nuevamente las lágrimas. No puede ser... No puede ser... -Y él es nuestro hijo. - entonces, él me vio, su mirada  fue directamente a mis ojos, sentí todo ese odio que salía desde adentro mío y quería perforarlo lentamente.- Luke Henderson. Él hizo una mueca sin que nadie lo viera, alzando las dos cejas al mismo tiempo y sonriendo de lado, como si esto fuera gracioso. - Pero si eres más hermosa de lo que tu padre me había dicho. - intento romper el silencio el hombre que también estaba vestido elegante. - ¡Carajos! Lograron dejar callada a Bella, ¡Que milagro! - se metió Nelson, ganándose un golpe en la cabeza de parte de mi padre. -Dijiste que se trataría de una chica. - dije entre dientes a mi padre. -Lo siento. - me regalo una sonrisa y apretó mi mano. - Te lo recompensare, lo prometo preciosa. - acarició mi mejilla con su mano libre. No volví a mirar a los ojos a Luke desde ese momento. No podía creer que el chico al cual me había confesado estaría viviendo en mi maldita casa por tres meses. ¿Cómo haría para sobrevivir todo este tiempo? ¿Cómo haría para olvidarlo si vive bajo el mismo techo que yo? -Y... ¿Cuánto tiempo se quedarán? - preguntó Nelson, comiendo de su plato de pasta. -Tres meses. - me apresuré a decir. - Tres meses, ¿No papá? -Ellos pueden quedarse aquí el tiempo que necesiten, ¿cierto Isabella? - amenazó con su mirada y diciéndome por mi nombre completo. Bajé mi cabeza, algo triste. -Sí - suspire. Ni siquiera tenía apetito de la pasta de mi padre, y eso que era la mejor que había probado en mi vida. Decidí que era tiempo que me acostara a dormir, el día había sido algo largo y sólo quería llegar a mi cama y llorar tranquila.  -Con su permiso. - me levanté de la silla y comencé a caminar directo a mi habitación. -Bella. - me llamó mi padre. Me di vuelta lentamente. - Hay un pote de helado de menta granizada en el frízer, puedes llevártelo y no te duermas tarde. - sonreí inconscientemente. Sí que tenía el mejor padre. Me acerqué a él y planté un beso en su mejilla. -Estaré bien. - le susurré y me fui directo a buscar mi helado favorito. Cuando volví a pasar por el comedor, otra vez mi padre me interrumpió. -Bella, junto a Liz y John pensamos que sería bueno que lleves a Luke a su habitación así puedes sacar ese problema que tienes en tu cabecita y despejarte. - dijo amablemente. -Si supieras...- susurre. - ¿Qué? - preguntó Liz. -Nada. - solté, agarrando mi helado. - Esta delicia se derretirá así que... Me voy ahora. - me di vuelta creyendo que me había salvado de Luke. -Apúrate Luke, síguela. - exclamó John y escuché como una silla se corría. Apure mi paso. No quería estar sola con él. Cuando llegue a la habitación que le había preparado, abrí la puerta y espere a que llegara. -Es aquí, adiós. - y me di vuelta, caminando a mi habitación que para mí buena suerte era la que estaba enfrente de la del idiota. - ¿Si tu padre supiera que? - me quedé helada al escuchar que me estaba hablando, nunca lo había hecho. - ¿Si supiera que tu pequeño corazón fue roto hoy en el colegio? Ups. - no me di vuelta, solo quedé contra mi puerta con la mano en el picaporte. No conteste, solo abrí la puerta y entre a mi cuarto, dejándolo hablando solo. Cómo se atrevía ese maldito bastardo. No podría sobrevivir a esta convivencia... Algo me decía que Luke siempre me haría recordar que... Fui rechazada.
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