Nick hizo lo posible por ignorar las curvas de su cuerpo, por ignorar lo mojada y lista que estaba, por luchar contra sus propios instintos de aparearse... de tocarla. Pero el hecho de que ella estuviera ahí, deseándolo... rogándole, estaba a punto de romper su autocontrol. La reclamaría si esto continuaba por mucho más tiempo. Sus caderas se levantaron en anticipación y el lobo de Nick casi emergió. —No puedo seguir haciendo esto —gruñó Nick, retirando sus manos y preparándose para marcharse. — ¿Tú... no me quieres? —Janet gimió en voz baja, con una pequeña voz herida. Dejó escapar un pequeño gemido de dolor cuando la pérdida de su contacto hizo que el dolor de su celo empeorara. Nick se inclinó junto a su oído. —Te deseo tanto, que tal vez ya no pueda controlarme, pequeña ninfa —gruñ

