La bonita y pequeña sumisa del rey Nick soltó un rugido de protesta, sus ojos brillaban amarillos mientras sacudía trozos de vidrio, sangre y alcohol de su mano. Owen estaba a su lado en un instante, presionando un pañuelo blanco en la mano de su alfa. —Tú... ¿tú? —croó Karl incrédulo mirando a Janet. Janet asintió, sus ojos en Nick quien parecía estar tratando de controlar sus propias emociones desbordantes. Nick estaba hecho un desastre. Todo lo que quería hacer era saltar sobre Janet y encerrarla para siempre solo para evitar que esta idea absurda se convirtiera en realidad. Lo último que podía hacer era ponerla en peligro. Por eso había estado alejado de ella durante tanto tiempo. Cada molécula suya se rebelaba contra la idea de verla en cualquier situación arriesgada. Y aquí estab

