Yo estaba en mis 43 casi 44, me cuidaba mucho, tenía el cabello castaño apenas salpicado por canas y mis ojos celestes aún seguían derritiendo algún que otro corazón, con casi 1.90 de estatura y 90 kilos bien puestos me encontraba en buena forma, era cierto... pero nunca se me había dado por las jovencitas... al menos no hasta ese momento...
Pamela se acercó a darme la mano y pude sentir su perfume Calvin Klein, y ese aroma le sentaba perfecto...
— Si, recién le estaba diciendo de venir con nosotras de compras — comentó Lulú.
— Me van a tener que esperar un poco así me cambio — les dije a ambas, ya completamente convencido de ir con ellas... No me importaba en ese momento si me fundían la tarjeta platino, solo necesitaba pasar con ellas otro momento.
Mientras me cambiaba mi traje de vestir por un jean y un polo, me preguntaba cómo había llegado allí pero ahora no podía dejar de pensar en la boca de la pelinegra y en esos labios carnosos, aunque no tenía ese toque inocente de Lulú, al menos... si pasaba algo entre nosotros no me iría al infierno.
Ese pensamiento me hizo sonreír al darme cuenta de que seguramente para las muchachas yo sería un viejo decrépito y efectivamente querrían liquidar mi billetera y hacer de goma mi tarjeta de crédito.
Finalmente bajé cambiado y dispuesto a lo que fuera.
Efectivamente me llevaron al shopping más cercano y me desguazaron, pero nada me quitó el placer de haberlas visto desfilando ropa para mí. "¿Te gusta este papi, o me queda mejor este otro?"
Me decía Lulú mostrándome trajes de baños diminutos... Y su amiga, a modo de gracia también empezó a llamarme "papi"... no sé qué habrán pensado las empleadas, pero en un punto no me importó. Con esas increíbles bellezas me sentía en el cielo, aunque solo me hubieran llevado para pagar y llevarles las bolsas como un mulo.
Regresamos a la casa un par de horas después y fui hacia la cocina por un vaso de jugo mientras las escuchaba reír desde el living. Necesitaba algo fresco para bajar tanta calentura junta.
Las chicas pasaron para buscar unas sodas y después se fueron a la habitación de Lu.
Mientras terminaba mi jugo, pensaba que tener dos bellas jóvenes era refrescante.
Dalton nunca había llevado una chica, siempre se reunía con sus amigos...
Por otra parte, yo también lo hacía, solo que los jueves para jugar al póker con unos conocidos. Íbamos rotando por las casas.
Subí al primer piso y escuchaba las voces y las risas de las dos encerradas en el dormitorio. Me asomé al pasillo y lo encontré a Dalton espiando por la mirilla de la puerta mientras se frotaba la v***a por arriba de la bragueta de su pantalón. Así que me le acerqué sin que me oyera y lo levanté de la oreja, para llevarlo hasta su dormitorio. Lo reprendí solo con una mirada... y yo que pensaba que era gay... bueno... al menos me había sacado esa duda, o eso creía en ese entonces...
Como sentí curiosidad por saber que lo motivó tanto, me asomé y espié de la misma manera. Y casi me infarto, estaban las dos como Dios las trajo al mundo completamente desnudas y probándose ropa. Casi me caigo redondo al piso y apenas me atajé sin hacer ruido, me dije que eso tenía que parar y bajé al living a ver las noticias.
Quizá la historia triste de un bombardeo en un hospital de niños al otro lado del mundo podría hacer algo para menguar terrible la erección que tenía.