En la vida hay momentos donde no queda más remedio que correr, moverse con fuerza y rapidez porque quizás sea la única forma de conservar el último aliento de vida que nos queda, de ver otro día, de dar un próximo suspiro vital, y eso estaba claro para Axe. Sus piernas arden y el corazón corre desenfrenado, el aire pasa doloroso y escaso por sus pulmones y cree que en cualquier momento se detendría finalmente y rendiría, pero no puede, debe seguir, escapar y vivir. Escucha el casco de los caballos, los gritos, el júbilo y los aromas mezclados, mira hacia atrás por encima de su hombro, alfas a caballo, dándole caza como si fuera un animal salvaje, sus pies sangran, descalzo y corriendo sobre la nieve que casi logra adormecer sus extremidades a cada paso, cierra los ojos y gime cuando cuand

