Leia Ocho meses. Ocho meses desde que volví a Londres, con el corazón dividido y la mente llena de incertidumbre. Ocho meses de trabajo incansable, de noches en vela y madrugadas de café, de perseguir historias y dar voz a quienes no la tienen. La empresa de comunicaciones para la que trabajábamos nos citó a Marianne, Sebas, Julia y a mí para renovar nuestros contratos. Era una oportunidad dorada, un reconocimiento a nuestro esfuerzo y talento. Pero mis compañeros tenían otros planes. —Nos vamos, Leia, — anunció Marianne, con una mezcla de tristeza y determinación en sus ojos. —Queremos volver a España, a nuestras raíces. Es hora de construir nuestro futuro en casa.— Sebas asintió, con su habitual sonrisa melancólica. —Pero eso no significa que dejaremos de trabajar contigo. Podemos c

