Encolerizado y lleno de ira y frustración, Emiliano se echó a andar por la calle mirando de un lado a otro, observando a detalle cada esquina, cada cara que se le cruzaba en frente, cada cruce, pero por más que se empeñaba en encontrarla sus ojos le traicionaban no dejándosela ver. En su pecho sentía el más puro ardor, un fuego abrazador le consumía y le devoraba el ama cada vez que las mismas tres palabras se ordenaban en su mente formando una única oración, él quiso creerle, creyó en ella, confió en su amor, confió en que después de haber luchado y sufrido tanto ella sentía lo mismo que él. Pero se engañó, ella, simplemente, le engaño, le hizo creer que llegaría al altar a su lado para unirse para siempre de esa manera que por tanto tiempo habían anhelado y que ahora teniendo no solo la

